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martes, 4 de marzo de 2014

El Roce de las Alas

Esta historia que os voy a contar tiene su reflexión, y es deseable leerla un par de veces.
Es una historia real, pero en detalle no puedo escribirla, ni dar referencias ni nombres, ya que quedó en secreto.

Cuenta la historia de un chico que hacía un par de días que iba al campo a pasar varias horas ahí, iba con su coche, el cual aparcaba cerca del puente de un río.
¿Cuál era el motivo? Pues había pensado ser osado, y ofrecer a su novia un regalo distinto. Decían otras personas, pues venga, regala unas flores, un libro, tal, vé a la tienda cuál, cómpralo y mándaselo.
Pero él no quería eso, quería ofrecer su tiempo y su esfuerzo, ya que él consideraba que eso era un regalo mucho más poderoso y sincero que ir a la tienda, comprar, empaquetar y mandarlo. Total, X euros, 5 minutos. Entonces quiso realizar una artesanía de cosas que se encontrara por el campo en sus paseos, y construirla él mismo a base de esfuerzo, dedicación y tiempo, aunque quedara regular y hubiera el riesgo de que no la gustara.

En el tercer día (estado de conciencia Perro de los Simpsons y el constructivista/activo, a medias: http://albireoguiadelnavegante.blogspot.com/2014/02/estados-de-conciencia.html), una vez paseado otra vez por el campo, y descansando bajo un árbol, ¡terminó de construir el regalo! Estaba genial de contento, deseando llegar a casa para poder mandarlo.
Tomó éste en sus manos y se dirigió hacia su coche, disfrutando del día de campo. Estaba comenzando a atravesar el puente, cuando escuchó unos gritos de auxilio.
Se volvió en redondo, y anda, hay fuego en esa casa cercana, y parece que se va a derrumbar. Una casa inmensa, como una mansión. De repente sin más, ¡zas¡, cambia brutalmente al estado de concentración total... y piensa en alto:
- He de salvar a esa gente, ¡están en apuros y morirán ahí dentro! No hay nadie alrededor más que yo mismo. ¡Adelante! Deposito el regalo donde pueda estar seguro, y me lanzo.
Corriendo, comenzó a atravesar el puente, en esto que vió un lugar en el que poder depositar la artesanía. Al ir a depositarlo, dió un traspiés por un ruido bastante fuerte que vino de esa casa, y con el nerviosismo que tenía, con tal mal fortuna que se le escurrió de las manos cayendo por el lado del puente de más altura cerca de la ribera del río, haciéndose añicos y casi todos los pedazos rebotando y cayendo al agua. Unos segundos de pesar le dejaron quieto, viendo como los restos se los llevaba el río.
- ¡Vaya! - Exclamó con el ánimo por los suelos. Pero no pudo pensar más en eso, ¡tenía que rescatar a esa gente!

Retomando la carrera, llegó a esa casa y con arrojo desmedido entró a riesgo de su propia vida. Uno a uno fue localizando a las personas que se encontraban en esa casa, entre fuego y escombros, los consiguió agarrar y sacar como pudo con un impulso salvaje y espectacular, ya que pesaban mucho más que él y no se podían mover, y entre toda la maraña de destrucción y objetos rotos, fue todo un desafío para él.
Tres personas, no había más (entró y salió por última vez de esa casa comprobando que no había nadie más), y unos segundos después casi toda la casa se vino abajo. Parece ser que esa gente de dinero y poder estaba de fiesta y la debieron liar con algo.

Lleno de polvo hasta arriba, jirones y grandes rasgados en la ropa del chico (su abrigo había desaparecido), muchos moratones en su cuerpo, el cabello y cejas un tanto quemados, varias heridas y sangre que le caía de la cintura, de los brazos y las manos, y cojeando por una fuerte torcedura en un pie, fue hasta donde estaban las tres personas que salvó, comprobando que estaban bien, vivas, y no tenían quemaduras, sólo un tanto aturdidas, una de ellas tenía el brazo roto. Al ir a ayudar a esa persona, ésta dijo sin más:
- ¡Gilipollas! ¡Me has roto el brazo!
- Perdón, lo siento mucho, pero... - comenzó el chico diciendo
- Ni pero ni hostias, ¡lárgate de aquí ya y no vuelvas! Y silencio, ¿ehhh? Tú no has visto nada, no has oído nada, y no sabes quiénes somos, ¿de acuerdo? No podemos permitirnos que se sepa nada. Mira que habernos tocado a este pobrecillo muerto de hambre, que nos haya tenido que salvar, pufffffff - despectivamente
- Entendido, ya me voy - dijo el chico empezándose a dar la vuelta. Se paró un momento y dirigiéndose a ellos, dijo:
- Vaya, les roza con sus alas éste pobrecillo, les salva la vida, ..., y ¿todavía se quejan?

Cojeando como pudo hacia su coche, fue a coger las llaves de su coche, y ¡vaya! desaparecieron... Vaya, la cartera con todo dentro también. El móvil, también, todo...
En fin, toca volver a pata, y por lo menos, mañana podré volver para recogerlo, solo tengo unos cinco kilómetros, hace un poco de viento y frío, pero por lo menos tengo algo de suerte, ¡no perdí las llaves de casa!
Tiempo después, ya muy de noche, llega a su casa completamente machacado, y no tiene más fuerzas que las de derrumbarse en la cama.
- ¡Bien! ¡por lo menos tengo sueño! ¡mañana supongo que será otro día, y saldrá de nuevo el sol! - pensando el chico, mientras una única imagen preciosa se le formaba en su mente, una sonrisa en su rostro, se iba quedando dormido...

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